He podido comprobar como en estos curiosos enclaves-miniatura, como Gibraltar (y también Andorra), los mancebos preguntan poco, se limitan a envolver.
Una legislación laxa, horarios desregulados, precios sin control y la exención de la exigencia de la preceptiva receta, convierten a Gibraltar en el “paraíso”.
El hecho de poder comprar antibióticos, adelgazantes, sidenafil (éste último, el Viagra, se compra en Gibraltar a 41,6 euros, frente a los 59 de España), supone una gran competencia para las farmacias de La Línea, Algeciras, Málaga, Cádiz, hasta incluso Sevilla.
Y las autoridades sanitarias españolas no pueden hacer nada, lógicamente.